Irreflexiones

momentos de indecisión desde mi sofá

El Inem

Posted by abondu on April 24, 2006

Tras tres o cuatro días de amago de descanso, el martes me dirigí a nuestro maravilloso sistema público de empleo, nótese el sarcasmo por mi parte.

Pese a las experiencias previas de algunos amigos tengo que decir que el trato fue correcto, más bien exquisito, creo que todo esto era debido a que a las 10:30 de la mañana no había nadie en la oficina. Ningún solicitante de empleo, quiero decir…

Como es bien sabido por todos, el desempleado español medio no tiene muchas cosas que hacer, salvo estropearles las estadísticas a nuestro bien amado gobierno, así que iluso de mi, pensé que a esas horas habría una gran cantidad de personas esperando su turno para llorarle al funcionario del idem para que le encontrara un buen empleo, o en su defecto un empleo a secas.

Servidor es poco amigo de los madrugones así que decidió no arriesgarse demasiado y hacer su salto con triple tirabuzón habitual desde la cama a eso de las 9:00 zulú. Esa hora sumada a los 20 minutos aproximados que tarda el tren en trasladar a un masa borreguil desde Candás hasta Gijón y dando un tiempo prudencial para que una persona medianamente decente como soy yo se despierte hicieron que aterrizara a las 10 y poco en la villa gijonesa….

Temiéndome lo peor debido a mi conocida vagancia y mi poco gusto por madrugar, decidí armarme de valor, de un libro y de 40 Gb de música por si la espera se alargaba demasiado. Pero no fue así, fue llegar y besar el santo (nota, no había ningún santo en el Inem y no besé a nadie, es una expresión popular)

Un amable caballerete accedió a atenderme sin ningún gesto contrariado ni nada por el estilo, que es lo que se les presupone a nuestros funcionarios autóctonos. Una vez cumplimentados los formularios electrónicos de rigor y rellenadas ciertas casillas en las que demostraba mi más absoluto desconocimiento del mundo en general y de las artes infromáticas y lenguajes de programación en particular llegó la hora de preguntar como se pondrían en contacto conmigo en el hipotético caso de que existiese alguna oferta en la que no tuviera que mentir en exceso para cubrir sus espectativas.

Ya suponía que el término correo electrónico no iba a estar entre los campos a rellenar, la alergia que tienen la administración española a la tecnología es muy parecida a la que tengo yo al despertador, pero en el momento en el que le ofrecía mi número de teléfono al amable funcionario y este me respondía que no (si soy un buen partido, por favor) algo se removió dentro de mi y no era el desayuno.

Se pondrían en contacto conmigo por medio postal, ¡¡¡¡¡como se hacía antiguamente!!!!!!

No es que esté en contra de Correos y Telégrafos de España, Dios me libre, pero supongo que en este caso lo más útil sería una llamadita telefónica al solicitante de empleo para que se pasara por la oficina más cercana en el momento en que surgiera alguna oferta interesante…

Pero no, te mandan una carta, para cuando te llegue la carta y la hayas leido habrán pasado tres o cuatro días de la aparición de la oferta, lo cual indica que las posibilidades de ser el orgulloso propietario de ese puesto de trabajo son inferiores a 0.

Sorprendido me hayo, comprendo que se use el método postal para cuestiones de índole administrativo, tal como el aviso de ir a fichar o cositas por el estilo pero no para la notificación de que existe una oferta de empleo de acuerdo con tu perfil….

Una vez recuperado del susto y vuelto a sentar en la silla y recogidos los cascotes del techo de escayola por mi salto, el funcionario comentó que quizás en algún momento, para alguna “urgencia” me localizarían por medio del teléfono fijo. Mis pupilas siguieron sin reaccionar, pero conseguí salir del SPE (Servicio Público de Empleo) y dirigirme a un koskio para iniciar lo que en el argot emprendedor se denomina “búsqueda activa”.

Que fuí a comprar El Cero para ver si había algún empleo para servidor.

He de decir que tuve mucha suerte y encontré ofertas que resultaron interesantes, pero mi perfil no se adecuaba al requerido: Señorita joven, de buena presencia con ganas de ganar dinero y “abierta” a todo tipo de posibilidades…..

Dado que mi búsqueda resultó infructuosa decidí regresar a casa a llorar un poco sobre la almohada y comenzar a meditar el tema del cambio de sexo.

Sobre el tema del cambio de sexo tengo un par de dudas: Si a todos nos diera por hacerlo, ¿no habría un momento en el que se requerirían los servicios de jóvenes apuestos en vez de señoritas? Si la escasez de jóvenes fuese mucha, ¿No podría darse la posibilidad de que se cambiara el término apuesto por el de joven a secas?

Si fuese así creo que tendría alguna oportunidad…..

Háganse ustedes el cambio de sexo, que yo no tengo suelto….

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